
Hubo, hay y habrá largas discusiones acerca de lo que implica el concepto de realidad. En los últimos tiempos, con el avance de ciertas líneas teóricas que sostienen la imposibilidad de los abordajes reduccionistas para los problemas complejos, se la ha empezado a comprender como una construcción. Esto quiere decir que no es una entidad con existencia autónoma, sino que se produce en una situación interaccional, en la cual, a partir del encuentro con lxs otrxs, toma formas variadas.
La característica principal que se desprende de esta idea es que la realidad es compartida, es decir, una especie de contrato tácito que se mantiene entre lxs que participan de la sociedad. A modo de ejemplo: hay un acuerdo más o menos generalizado sobre lo que es una mesa, sus utilidades y características imprescindibles para que un objeto sea considerado como tal. Se establece una norma, y todo aquel sujetx que no la comparta será tildadx, mínimamente, como “erradx”. Ahora bien, a medida que nos acercamos a cuestiones relacionadas con el sentir, los valores, las cuestiones más “personales” estos acuerdos con lxs otrxs se tornan menos claros, más difíciles de lograr y sostener.
¿Qué pasa cuándo una persona comienza a tener una visión sumamente particular de una situación? Mientras más grande sea la disonancia entre el sentir de esta persona y aquello que la realidad compartida le devuelve, más se incrementarán los niveles de malestar.
Pero no hay que quedarse con esta visión algo derrotista de las cosas, sino que este modo de pensar abre amplias potencialidades. Si acordamos que la realidad es una construcción en la que nosotrxs participamos activamente, entonces también podemos ser agentes en la producción de cambios sobre la misma. Para tener una comprensión más global de esto, resulta interesante tomar el modelo cognitivo. Los pensamientos, el modo en que interpretamos las cosas determinan, a su vez, el modo en que nos sentimos y nos comportamos, constituyéndose un círculo de interacciones e influencias recíprocas entre los tres elementos.
Con todo lo dicho hasta este momento no se intenta desmerecer los aspectos más concretos y pragmáticos que las situaciones problemáticas representan. Digamos que caer en una radicalización de esta postura llevaría a pensar que todos los problemas son “inventos” nuestros, y no es eso lo que se pretende. Hay ciertas circunstancias cuyas características las vuelven más complejas. Son aquellas que representan desafíos porque no contamos con modos de repuesta adecuados para superarlas. Ante esto, muchas veces recurrimos a las soluciones ya conocidas, que, al no llevar a una resolución, seguimos aplicándolas en un círculo vicioso. Es lo que se conoce como la solución ensayada, que no hace otra cosa que contribuir a sostener el problema. En este punto específicamente interviene la psicoterapia, yendo en la dirección de una modificación en los modos de encarar y comportarse en relación al problema.
No existe una realidad única, no hay razones indiscutibles, no todo lo que no es norma es error, falla o desviación. Y si a la realidad compartida no le parece lo que sentimos, pobre de ella! Desde DiversaMente, recurrimos a la Psicoterapia Creativa, porque sabemos que las respuestas ensayadas no alcanzan, no sirven y no nos satisfacen. Por todo esto: no creemos en modelos teóricos hegemónicos, no creemos y desestimamos las lógicas segregantes y patológizantes. Sabemos que en el marco del respeto, la igualdad y la equidad; la libertad es el valor que nos abre las puertas de la diferencia sin desigualdad ni jerarquizaciones.
Para finalizar con estas ideas, la siguiente frase de Viktor Frankl constituye una muy buena síntesis:
“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”

