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Mi Primera Psicoterapia

Perjuicios, juzgamiento, moral, bien y mal

Fue hace varios años, recién había terminado una relación importante, larga, dolorosa y, como pasa muchas veces después de las separaciones, empecé a problematizar algunos aspectos de mi vida. Aprovechando la tensión entre duelo y crisis decidí comenzar una terapia e hice circular entre amigxs y familiares que me recomendaran a alguien que me pudiera acompañar en ese proceso.

 

Después de algunas propuestas y sugerencias encontré a la licenciada x. Fue una recomendación muy especial de la psicóloga de una gran amiga a quien respeto mucho por su criterio y tenía una gran admiración por la profesional que la estaba atendiendo.

 

La primera entrevista fue muy interesante. Nos presentamos, narré algo de mi historia, de lo que me llevaba a estar allí, de lo que quería de ese espacio y, por último, le hablé de mi orientación sexual y le dije que no era objeto de problematización. Fui clara y concisa, no negociaba poner en cuestionamiento aquello que me había costado asumir y que ya era parte de mi vida.

 

Para mi sorpresa la licenciada x se mostró absolutamente sorprendida sobre mis enunciaciones y se nos hizo más largo el encuentro porque me manifestó  su ética profesional, que nada tenía que ver con su moral y que ella no se iba a intrometer con las elecciones de nadie, que la idea de la psicología y de lo que ella personalmente creía, era que cada paciente debía hacer su camino y tomar sus propias decisiones. Salí ese día aliviada, contenta. Llamé a mi amiga para volver a agradecerle el contacto y contarle que había dado con la persona indicada.

 

No pasaron muchos encuentros para que nuestro pacto no se cumpla. Para que mi intimidad me pegara como un tren en la cara. Para que la licenciada x relacione mi orientación sexual con los pocos limites de mi madre, la identificación con mi padre o la relación simbiótica con mi hermana, ya ni siquiera lo recuerdo precisamente. Lo que sí recuerdo es mi malestar, mis ganas de salir corriendo, de sentirme poco respetada y de pensar cómo estaba siendo calificada.

 

La interpretación prejuiciosa suele deslizarse en ese límite borroso que se abre entre la comprensión y la explicación moralista de los hechos.

 

La última vez que fui a verla, obstinada por darle una oportunidad y ella empeñada en analizar mi sexualidad, le pregunté a la licenciada x si hubiese hecho la misma interpretación si yo fuese heterosexual, si la heterosexualidad también era objeto de interpretación y de investigación etiológica. Claro no contesto. 

 

En la patologización de la elección sexual anidan procesos de discriminación y descalificación del deseo y la orientación de una persona que, disfrazándose de profesionalismo y buenas prácticas, agrede antes de comprender y juzga antes de aceptar la diferencia. Como se dice por allí: la psicología nunca es neutral.

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